Archivo | 17 mayo, 2011

Que la vela de la conciencia arda en todo momento – OSHO –

“Hagas lo que hagas, hazlo en profunda alerta; entonces, incluso las mínimas cosas se vuelven sagradas. Entonces cocinar o limpiar se vuelven algo sagrado; se convierten en una adoración.

La cuestión no reside en lo que haces, sino en cómo lo haces. Puedes limpiar el suelo como un robot, de manera mecánica; como tienes que limpiarlo, lo limpias; entonces te pierdes algo precioso. Limpiar el suelo podría haber sido una gran experiencia; te la has perdido. El suelo queda limpio, pero ha dejado de ocurrir algo que podría haber ocurrido dentro de ti. Si eres consciente, si estás alerta, además del suelo, tú mismo habrías recibido una profunda limpieza. Limpia el suelo con plena conciencia, irradiando conciencia. Trabaja, siéntate o camina, pero hay algo que tiene que ser un hilo continuo: ilumina más y más momentos de tu vida con la luz de la conciencia. Deja que la vela de la conciencia arda en todo momento, en cada acto. El efecto acumulativo de esta práctica es la iluminación. El efecto acumulativo, juntando todos los momentos, todas las pequeñas velas, se convierten en una gran fuente de luz”.

Osho

Acéptate

La gente te ha juzgado y tú has aceptado su idea sin analizarla. Estás sufriendo por toda clase de juicios ajenos y tú arrojas tales juicios en otras gentes. Este juego se ha salido de toda proporción y la humanidad entera está sufriendo por eso.

Si quieres salirte de eso, lo primero es: no te juzgues a ti mismo.Acepta humildemente tu imperfección, tus fallas, tus errores, tus flaquezas. No hay necesidad de pretender lo contrario. Sé sólo lo que eres: Es así como soy, lleno de miedo. No puedo entrar en la oscuridad de la noche, en la selva espesa…¿ Qué hay de malo en eso ? Es simplemente humano.

Una vez que te aceptas serás capaz de aceptar a otros, porque tendrás una clara visión de que ellos están sufriendo de la misma enfermedad. Y tu aceptación les ayudará a aceptarse a si mismos.

Podemos revertir todo el proceso: te aceptas a ti mismo; eso te hace capaz de aceptar a los otros. Y porque alguien los acepta, los otros aprenden la belleza de la aceptación por primera vez – la paz que se siente y empieza a su vez a aceptar a otros.

Si toda la humanidad llega al punto en el que cada uno es aceptado tal cual es, aproximadamente un noventa por ciento del sufrimiento desaparecerá – no tiene fundamento – y los corazones se abrirán por si mismos, y el amor fluirá.


“Esto también pasará” (cuento)

Un gran rey que había contratado muchos sabios, se sentía frustrado con sus riquezas. Un país cercano, un país más poderoso que el suyo, se preparaba para atacar. El rey tenía miedo de la muerte, de la derrota, de la desesperación, de la vejez. Entonces llamó a sus sabios y les dijo: “No sé porqué, pero debo encontrar cierto anillo… uno que me pondrá alegre cuando esté infeliz y al mismo tiempo, si estoy feliz y lo miro, me pondrá triste”.

Estaba pidiendo una llave, una llave con la cual pudiese abrir dos puertas: la puerta de la felicidad y la puerta de la desdicha. ¿Qué les pedía? Pedía el dominio de sus estados de ánimo. Decía que quería volverse el dueño de sus estados de ánimo, no quería ser más la víctima de ellos.

Los sabios hicieron consultas entre ellos pero no pudieron llegar a ninguna conclusión. Finalmente fueron a un místico Sufi y le pidieron su consejo. El Sufi sólo se sacó un anillo del dedo y se los dio diciéndoles: “Hay una condición. Dénselo al rey, pero díganle que sólo debe mirar debajo de la piedra cuando todo esté perdido, cuando la confusión sea total, la agonía perfecta y cuando él se sienta absolutamente impotente. De otra manera perderá el mensaje”.

El rey guardó el anillo. Al poco tiempo comenzó la guerra con el reino vecino y tal como se suponía, la situación rápidamente se tornó en su contra.

Su país estaba perdido, huía del reino sólo para salvar su vida. El enemigo lo seguía, podía oir los caballos de sus perseguidores… y su caballo murió. Siguió corriendo a pie hasta que llegó a un punto sin retorno. Sólo había un abismo. En el último momento recordó el anillo. Lo abrió, miró debajo de la piedra y allí estaba el mensaje, que decía: “Esto también pasará”.

Osho