Archivo | junio 2018

✰BENDITO ANGEL HUMANO✰

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Cuando ya no te inquiete lo que pase contigo…
Cuando te quede claro que esta vida es un juego…
Cuando a aquel que te agravia no lo veas enemigo…
Cuando ya no le busques distracciones al ego…

Cuando por igual trates al triunfo y la derrota…
y entiendas que las cosas no son lo que aparentan…
Cuando igualmente aprecies la flor que no se nota…
y los bellos jardines que a veces se presentan…

Cuando mires al mundo lleno de compasión
por aquellos hermanos que han elegido el drama…
pero a la vez comprendas, que al abrirse el telón,
son solamente actores de una infinita trama…

Cuando ya no te tomes ninguna cosa en serio…
Cuando no te interese ni ser juez…ni ser parte…
Cuando poses tus ojos de lleno en el misterio,
y sientas que no hay nada que pueda lastimarte…

Y ya no te preocupe abandonar tu traje
con ese desapego del que a nada se aferra…,
celebrare tu vida, compañero de viaje…,
bendito Angel Humano caminando en la Tierra…

(Jorge Oyhanarte)

Irradiando paz…

“Cuando nos enseñamos a nosotros mismos a “hacer por nosotros lo que haríamos por los demás” auténticamente, transformamos nuestra experiencia de vida en una irradiación de paz auténtica, que brinda una sombra refrescante a todo aquel con quien compartimos nuestro viaje humano”.

Michael Brown, El Proceso de la Presencia

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─═☆ ☆═─Ƹɳ Մɳ Ɽïɳ¢óɳ Ðҽɭ Ѧɭᶆą ─═☆ ☆═─

Hoy, es momento…

Hoy, es momento de dejar lo malo atrás, momento de desintoxicar el corazón, de sanar nuestra alma, de buscar solo lo que nos traiga calma. Es momento de no pasar la página, sino de cambiar de libro y cuaderno para empezar a leer y escribir uno nuevo. Es momento de amarnos más, de ser felices a pesar de nuestras cicatrices.
Es momento de bailar con la vida, de emprender diferentes rumbos, de mover barreras, de descubrir otros mundos, de saltar todos los muros. Es momento de abrir los ojos: de exhalar el pasado, de respirar el presente y de inhalar el futuro. Hoy es momento de expulsar los ayeres para poder comenzar un mejor mañana.

Cuando sepas de mi- Risto Mejide

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal. Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah. A lo que iba. Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final.

Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no. Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal. Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito. Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención. Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas.

La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería.

La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz.

La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad.

Y la cuarta, por hacer la lista finita, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió. Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien.

Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios.

Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula. Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

El desafió del trigo (parábola)

Oí una parábola antigua. Y debe ser muy antigua porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la tierra.

Entonces, un día, un viejo campesino fue a verle y le dijo:

— Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el ABC de la agricultura. Tienes algo que aprender.

Dios dijo:

— ¿Cuál es tu consejo?

El granjero dijo:

— Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos qué pasa. La pobreza no existirá más.

Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente pidió lo mejor y solo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano. Todo confortable, cómodo y él era muy feliz. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Este año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

El trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo:

— ¡Mira! Esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente. Pero cuando se recogieron los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios:

— ¿Qué pasó, qué error hubo?

Dios dijo:

— Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo. La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. A esto se le llama entendimiento.

Entendiendo este secreto de La parábola del Desafío del trigo descubrirás cuán grande es la belleza de la vida, cuánta riqueza llueve sobre ti en todo momento, dejando de sentirte miserable porque las cosas no van de acuerdo con tus deseos.