Imaginemos…

Imaginemos que el adulto en el que nos hemos convertido pudiera visitar al niño o la niña que fuimos en momentos en los que se sintió mal. ¿Cómo se sentiría el niño o la niña, dentro de cada uno de nosotros, sabiendo que el futuro le espera en un lugar donde se ha hecho más fuerte y capaz?
Al final, somos supervivientes. Si al menos tuviéramos la información del futuro cuando atravesamos un tránsito difícil en nuestra vida. Si supiéramos que todo pasará y que un horizonte nuevo se abrirá cuando lo viejo se cierre. Si al menos supiéramos de verdad que cuando nos visita la dificultad llega con la promesa o la posibilidad de una felicidad mayor. Si incluso llegáramos a confiar en que nuestro último tránsito, el de la muerte, es el regreso a nuestro hogar seguro, donde vida y muerte, que parecían separadas, se hacen de nuevo una.

Joan Garriga
Del libro “Vivir en el alma”

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