La autosanación…

Las abuelas y los abuelos de las grandes tradiciones ancestrales decían que cuando el ser físico enfermaba era porque la persona se había separado de su espíritu, de su esencia. Y realizaban cantos, rituales y trabajos específicos para que la mujer o el hombre se conectaran de nuevo con su espíritu, pero era siempre esa mujer o ese hombre quien tenía la decisión final y voluntad para conectar o no.

Y es que para estas tradiciones no existía la posibilidad de “ser curad@ desde afuera”, la sanación siempre derivaba de la auto-sanación, y volver a la salud siempre era una decisión personal e intransferible. Todo puede intentarse externamente, pero es la persona enferma quien decide si desea sanar o no, si finalmente sana o no.

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Cuando enfermamos, en realidad estamos transfiriendo nuestro poder personal a esa enfermedad, logrando co-crear –desde el inconsciente- distintas situaciones alrededor que pueden beneficiarnos, por ejemplo: obtener mayor atención, acercar a personas queridas que se encontraban alejadas, restaurar vínculos rotos, ser indultad@s, resarcir culpas, tener tiempo forzoso para descansar (tiempo que en sanidad no nos permitimos).

El gran problema es justo ese, que co-creamos todo esto a costa de nuestra salud y perdiendo nuestro poder personal, y por ende, perdiendo nuestra conexión con la esencia espiritual que nos sostiene aquí en esta experiencia humana.

Toda enfermedad comienza en el cuerpo energético, sostenida de una emoción y un pensamiento que dan paso a un sentimiento y posteriormente a una creencia sostenida de sufrimiento y contrariedad o incoherencia; y así, del cuerpo energético se somatiza, comenzando los síntomas en el cuerpo físico. Es decir, todo comienza en una creación interna no coherente.

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Y así, sanar, en realidad es un asunto personal, algo que comienza desde adentro y se extiende hacia afuera, tal como sucede con el asunto de “enfermar”. Quién más que nosotr@s para detectar eso que nos puso enferm@s.

Si utilizamos todas las herramientas externas y miramos internamente, si aprendemos a escucharnos, si abrazamos nuestra humanidad con compasión, si ubicamos emocionalmente qué es eso que nos causa incoherencia –que no podemos conciliar, entonces estaremos dando los primeros pasos hacia la única sanación que en verdad existe: la autosanación.

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