Archivo | marzo 2016

DEJA DE TRATAR DE AMARTE A TI MISMO…

 

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Olvídate de trascender el cuerpo. Mejor ámalo.
Suelta la idea de ‘soltar’. Mejor, permite que el amor llegue hasta la profundidad de los lugares más sensibles, las partes que duelen.
Respira en tu tristeza. Deja que tu miedo se mueva en lo más profundo. Inclínate ante tu incertidumbre.
Hay un lugar intocable en ti que sin temor se permite ser tocado.
Aquí, incluso tu sensación de ‘poca valía’, es valiosa.
¿Y ese viejo sentimiento de no ser digno de ser amado? Es amado aquí.

La Presencia es el contenedor, nunca lo contenido.
Hay mucho espacio en ti, amigo.
Demasiado espacio.
Lo Desconocido abraza todo lo que es conocido.
En la certeza de ti mismo, incluso la incertidumbre puede ser acunada como un bebé.

No hay nada de malo en ti, incluyendo la idea de que hay algo de malo en ti.

Así que deja de tratar de amarte a ti mismo; simplemente sé el Ser que ama.

– Jeff Foster –

Buenas noticias…

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Aquí te dejo una muy buena noticia.
Justo aquí, ahora, en este preciso momento, tú no tienes porqué “resolver” el resto de tu vida, no importa lo que digan los demás.
En este momento no necesitas todas las respuestas, ellas vendrán a su tiempo, o no, o quizás aquella pregunta innecesaria simplemente se desvanecerá.
No hay prisa. La vida no tiene prisa. Sé como las estaciones del año. El invierno no está tratando de convertirse en verano. A la primavera no le urge ser otoño. La misma hierba crece a su propio ritmo.
Las elecciones que vayan a hacerse se harán y en eso no tienes ninguna otra opción. Las decisiones que se tomen se tomarán, los acontecimientos se irán revelando, sin embargo, en este momento tal vez no necesites saber las soluciones o los resultados o cuál es la mejor manera de proceder. Tal vez ese no saber es un huésped bienvenido al banquete de la vida. Tal vez esa apertura a todas las posibilidades es un amigo muy querido. Tal vez incluso la confusión pueda llegar a descansar aquí.
Y así, en lugar de querer “arreglar” nuestras vidas, en lugar de tratar de resolver cuidadosamente lo imposible y así completar esa historia épica de un ficticio “yo”, simplemente nos relajamos en el absoluto no saber, desentrañando todo en el cálido abrazo del misterio, sumergiéndonos profundamente en el momento, saboreándolo plenamente con toda su singularidad y grandeza.
Y entonces, tal vez sin ningún esfuerzo, sin lucha ni tensión, sin que “tú” tengas que involucrarte en nada, las verdaderas respuestas surgirán dulcemente en su propio tiempo.

-Jeff Foster-