Archivo | 12 mayo, 2013

Sin temor a la muerte.

Si al bebé en la oscuridad del útero materno se le dijera que afuera hay un mundo de luz, con altas montañas, grandes mares, onduladas llanuras, hermosos jardines en flor, arroyos de aguas frescas y cristalinas, un cielo cuajado de relucientes estrellas y un sol ardiente, y tú frente a todas estas maravillas sigues encerrado en esta oscuridad. Igual que el no nato no sabe nada de estas maravillas “yo no creeré nada de esto” como nosotros cuando nos enfrentamos a la muerte, por eso nosotros tenemos miedo.