Archivo | 16 abril, 2012

La fuerza de los sueños. ~ Jorge Bucay ~

El escritor y psiquiatra Jorge Bucay nos habla de la importancia de los sueños como sustento de la ilusión en la vida.

Para ilustrar este pensamiento nos cuenta la historia del gusano que soñaba con besar a una rosa.

 

Había una vez un gusano que se había enamorado de una flor.

Era por supuesto, un amor imposible, pero el animalito no quería seducirla ni hacerla su pareja. Ni siquiera quería hablarle de amor. Él solamente soñaba con llegar hasta ella, y darle un beso. Un solo beso.

Cada día, y cada tarde, el gusano miraba a su amada, cada vez más alta, cada vez más lejos. Cada noche soñaba que, finalmente, llegaba a ella y la besaba.

Un día, el animalito decidió que no podía seguir soñando cada noche con la flor y no hacer nada para cumplir su sueño. Así que, valientemente, avisó a sus amigos, los escarabajos, las hormigas y las lombrices, que treparía por el tallo para besar a la flor.

Todos coincidieron en que estaba loco, y la mayoría intentó disuadirlo, pero no hizo caso. El gusano llegó arrastrándose hasta la base del tallo y comenzó la escalada.

Trepó toda la mañana y toda la tarde, pero cuando el sol se ocultó, sus músculos estaban exhaustos.

– “Pasaré la noche agarrado del tallo, y mañana seguiré subiendo. Estoy más cerca que ayer”, pensó, aunque sólo había avanzado diez centímetros y la flor estaba a más de un metro y medio de altura.

Sin embargo, lo peor fue que, mientras el gusano dormía, su cuerpo viscoso y húmedo resbaló por el tallo, y por la mañana el gusano amaneció donde había comenzado un día antes.

Miró hacia arriba y pensó que debía redoblar los esfuerzos durante el día y aferrarse mejor durante la noche. De nada sirvieron las buenas intenciones. Cada día, el gusano trepaba, y cada noche, resbalaba otra vez hasta el piso. Sin embargo, cada noche, mientras descendía sin saberlo, seguía soñando con un beso deseado.

Sus amigos le pidieron que renunciara a su sueño, o que soñara otra cosa, pero el gusano sostuvo, con razón, que no podía cambiar lo que soñaba cuando dormía, y que si renunciaba a sus sueños, dejaría de ser quien era.

Todo siguió igual durante días, hasta que una noche que el gusano soñó tan intensamente con su flor, que sus sueños se transformaron en alas… y a la mañana el gusano despertó mariposa, desplegó las alas, voló a la flor… y la besó.

 

Sueños de semillas ~ Jorge Bucay

Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el tiempo de germinar,
echar raíces y darse a luz,
morir como semillas…
para convertirse en árboles.

En el silencio de mi reflexión
percibo todo mi mundo interno
como si fuera una semilla,
de alguna manera pequeña e insignificante
pero también pletórica de potencialidades.
…Y veo en sus entrañas
el germen de un árbol magnífico,
el árbol de mi propia vida
en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene
el espíritu del árbol que será después.
Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol,
cayendo en tierra fértil,
absorbiendo los jugos que la alimentan,
expandiendo las ramas y el follaje,
llenándose de flores y de frutos,
para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe
cómo llegar a ser árbol.
Y tantas son las semillas
como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el tiempo de germinar,
echar raíces y darse a luz,
morir como semillas…
para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos
que a su vez nos digan, en su solidez,
que oigamos nuestra voz interior,
que escuchemos
la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino
con símbolos y señales de toda clase,
en cada hecho, en cada momento,
entre las cosas y entre las personas,
en los dolores y en los placeres,
en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos,
a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos
o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…

Y un día, mientras transitamos
este eterno presente que llamamos vida,
las semillas de nuestros sueños
se transformarán en árboles,
y desplegarán sus ramas que,
como alas gigantescas,
cruzarán el cielo,
uniendo en un solo trazo
nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,
…una sabiduría interior las acompaña…
porque cada semilla sabe….
cómo llegar a ser árbol…

 

Jorge Bucay habla del amor ♥

Para construir una relación íntima, no alcanza con el amor, hace falta además la atracción y la confianza, hace falta además del amor que yo sienta que hay algo en ti que me atrae, que me fascina, que me gusta, que me mueve, que me lleva a pensarte. Hace falta, que confíe en ti.
La confianza en una relación implica tal grado de confianza en el otro que yo no contemplo la posibilidad de mentirte.
Habrá que darse cuenta que el amor, la atracción, la confianza son cosas que suceden o no suceden y cuando no suceden la relación puede ser buena, pero no será íntima y si no es íntima, no será transcendente. Puedo hacer cosas para impedirme a mí mismo amarte pero no puedo hacerlo por decisión, no puedo confiar por decisión, no puedo sentirme atraído por decisión, ni por gratitud ni por historia, es algo simplemente que sucede o no sucede, algo que permanece o ha dejado de pasar y de nada sirve querer permanecer en el tiempo con lo que ya no está y de nada sirve creer que el sacrificio puede hacer que dure más allá de su tiempo, si me sacrifico me mutilo, si cancelo mi vida por ti podré conseguir tu lástima, tu desprecio, tu consideración, quizás tu gratitud, pero jamás podré conseguir que me quieras, porque eso, eso, ni siquiera depende de ti, de hacer de nuestras vidas algo que valga la pena vivir. Me parece que a veces olvidamos lo que quiere decir esa frase, repetimos todo el tiempo “vale la pena esto, no vale la pena aquello” no nos damos cuenta de que estamos hablando de valer la pena, vale penar por aquellas cosas que amamos, vale penar por aquellas cosas que nos importan, vale penar por aquellas relaciones que generan encuentros comprometidos y transcienden en el tiempo.