EL JUEGO DEL GERI ~PIXAR ~

“El juego de Geri” (Geri’s game) que fue el primero que realizaron después de Toy Story y que ganó un Oscar en 1997.

Una reflexión sobre la dualidad que todos llevamos dentro y sobre la soledad y sabiduría de la vejez. Así valora el corto Lisa V.:

GERI’S GAME

Después de un año y medio de gestación, la mitad para hilvanar la historia y la otra mitad para animarla, en 1997 estos cinco minutos escasos ganaron un Oscar, que evidentemente no fue sólo por los avances técnicos en la representación de la figura humana y de las prendas de ropa.

El tema es muy sencillo y universal: el eterno partido que en cada individuo se juega entre “blanco” y “negro”. La delicadeza de  Pixar garantiza como siempre diversión para toda la familia. Además se trata de un homenaje del director Jan Pinkava a su abuelo, y con él a todos los mayores llenos de recursos e ironía: “¡Ojalá pudiera llegar así a esa edad!”, dijo.

El protagonista se desdobla  de manera muy cómica en su parte “blanca”, insegura y con gafas, y en su parte “negra”, más enérgica y agresiva.

Los gestos lentos y meditativos, típicos de los ancianos, son muy reales, así como los repentino arranques de vitalidad.

Los dos Geri juegan intensamente a lo largo de todo el día hasta que el “blanco” se encuentra en jaque mate, pero se niega rotundamente a perder. Entonces finge un ataque de corazón y gira el tablero. El “negro” no se da cuenta y no se acuerda de que estaba a punto de ganar y, como no le queda más remedio, se rinde.

Esta picardía permite una reconciliación final de las dos almas y el premio es una dentadura postiza con la que Geri se ríe a carcajadas de sí mismo y de su juego.

“Blanco” y “negro” son símbolos universales, pero no se da en una idea ñoña de la dicotomía, ya que también implica alguna travesura por parte del “blanco” con tal de ganar. Hasta se podría aplicar el psicoanálisis en leer el Geri blanco como el Ello más infantil, el negro como el Superyo más competitivo, y el Geri que ríe y resume a los dos como el Yo. O en términos de psicología transacional Niño, Padre y Adulto.

Lo importante creo es la síntesis que el hombre sabio realiza a lo largo de los años, conociendo y amando cada una de sus partes.

Es muy simbólico que este partido lo realice un protagonista cuya edad acarrea balances existenciales. Auspicia un lúcido entendimiento de nuestra doble naturaleza y a la vez la ligereza de sobreponerse al conflicto lo suficiente para encontrarlo gracioso. Sabiduría y alegría contrarrestan así la segunda, más amarga reflexión del cortometraje: la soledad debida a la edad.

Esta condición está bien evocada por la dorada luz de un día de otoño y se convierte en una fiesta gracias a los brillantes colores de las hojas de los árboles.

Las relaciones humanas brillan por su ausencia, en el parque no hay nadie, desde el alba al atardecer, excepto este entrañable abuelito que juega un interminable partido de ajedrez consigo mismo. Y a pesar del abandono y de los reflejos entorpecidos, este personaje no se rinde ni se mece en su pena.

Al revés, se burla del destino que no le ha dado adversario encontrando al mejor al que podría enfrentarse jamás. Viejo y solo, todavía puede contar con un excelente enemigo y un óptimo amigo dentro de sí. La victoria de Geri estriba precisamente en saberse uno que es más que la suma de dos.

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