Los animales y la meditación…

Si observas a los animales verás que en cierto modo, viven en un estado de permanente meditación involuntaria.

Observemos por ejemplo a un perro adulto, cuando éste descansa sin dormir. Puede pasarse mucho tiempo cerrando y abriendo sus ojos alternativamente. Casi no cambia de postura. No hace nada. Parece haberse ido del mundo exterior. Esto lo notamos cuando algo externo del entorno lo distrae. Entonces vuelve, y reacciona moviendo sus orejas, ladrando, parándose, estirándose. Todo depende del efecto que ese acontecimiento exterior cause en él. Y dará la medida en que el animal saldrá o no de su aparente trance.

Si lo observamos detenidamente durante estos largos períodos en que pareciera no hacer nada, pero tampoco está dormido, quizás nos parezca que se encuentra pensando. Pero ¿pensando en qué? Se sabe que ningún animal piensa como lo hacemos nosotros. No pueden estar pensando, por ejemplo, que están con apetito y preguntándose cuándo será que el dueño les dará de comer. O si alguien en la casa los estará por sacar a pasear para hacer sus necesidades. Tampoco sus vivencias y experiencias presentes provocarán en ellos una toma de conciencia respecto de las mismas.

Está comprobado que los animales actúan por reflejo y por instinto. Es decir, no tienen conciencia de sí mismos, de la vida, de que algún día morirán o del simple transcurso del tiempo. Sólo reaccionan a estímulos externos. Si nos enojamos con ellos se entristecerán pero no sabrán que están tristes ni por qué. Entonces, si no piensan (al menos no como lo hacemos nosotros), ¿que hacen cuando descansan quietos, despiertos pero sin hacer nada? Podríamos insinuar con poca probabilidad de equivocarnos, que su mente se encuentra vacía. Al menos, vacía de todo lo que llena la nuestra. Quizás los asalten imágenes. Creo que el estado mental de ciertos animales que no se encuentran en actividad ni en situación de alerta es muy parecido al de nuestra meditación.

Creo que en algún estadio evolutivo mental no nos necesitamos a nosotros mismos. Nos desprendemos de nuestro cuerpo terrenal y de lo que creemos que somos. Es cuando no se hace necesaria identificación alguna con nada. Cuando quizás nuestras mentes puedan verse unidas en su inactiva actividad con la de nuestros animales.

 

 

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