Archivo | 7 junio, 2011

El hombre está verdaderamente vivo cuando…

“ El hombre está verdaderamente vivo cuando toma conciencia de sí mismo como dueño de su propio destino para la vida o para la muerte, percatándose del hecho de que su realización final o su destrucción dependen de su libre albedrío, y dándose cuenta de su capacidad para decidir por sí mismo. Éste es el comienzo de la vida verdadera.”

Thomas Merton ( del libro Camino hacia el esplendor)

Detrás del dolor y el sufrimiento hay LUZ…

Detrás del dolor y el sufrimiento hay LUZ. Reconocer los desafíos de esta manera, te da la libertad de asumir la responsabilidad del proceso de corrección de alma que recibes en todo momento del día.
Acepta lo que recibes, ve a Dios dentro de ello y transforma el caos en algo más elevado.

 

Toma

“Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la esperanza, y vive en su luz. Toma la bondad, y dónala a quien no sabe donar. Descubre el amor, y hazlo conocer al mundo”

Mahatma Gandhi

LAS DRÍADAS… las hadas del bosque

En la mitología griega, las Dríades son las ninfas de los robles
en particular y de los árboles en general.
Surgieron de un árbol llamado «Árbol de las Hespérides».
Algunas de ellas iban al Jardín de las Hespérides
para proteger las manzanas de oro que en él había.
Las dríades no son inmortales, pero pueden vivir mucho tiempo.

 

Las dríadas son hadas de los árboles, con forma femenina, muy solitarias y de
gran belleza. Se localizan en los bosques y se predispone que su vida gira en
torno al tiempo de vida del árbol en el que residen.

Siendo hermosas, frágiles y considerándose como las Ninfas de los bosques,
en innumerables ocasiones se ha dicho de ellas que reflejan rayos de color
dorado en sus ojos, cuando se aparecen a los seres humanos.

Las Dríadas suelen cantar, aunque sus cantos se suelen confundir con el
ruido que provoca el viento al agitar las hojas.

Tienen habilidades únicas en su raza como podar arboles con su voluntad o
moverse sin hacer ningún ruido. Son exclusivamente femeninas y usan a los humanos
o a los elfos masculinos como parejas.

Físicamente, tienen unos rasgos muy delicados, parecidos a los de las doncellas
elfas. Tienen los ojos violeta o verde oscuro, y su cabello y piel cambian de
color según la estación.


Visten prendas que las hacen difíciles de localizar en los bosques y pintas sus cuerpos para hacerse casi invisibles.


De esta forma pueden camuflarse entre el bosque sin que se las vea o transformarse instantáneamente en un pequeño arbolito, antes de que ningún mortal pueda
contemplar la belleza de su desnudez.


En el invierno su pelo y piel es blanco, en otoño rojizo, y en primavera y verano tienen la piel muy bronceada y el pelo verde.


Cada dríada pertenece a un roble del bosque, se hallan unidas a su árbol de por
vida y no pueden alejarse a más de 300 metros de él o mueren lentamente,
de modo que su vida duraba lo mismo que la de árbol.


Y por eso durante mucho tiempo se dijo que cada vez que se talaba o quemaba un árbol, moría una dríada..


Una dríada es capaz de penetrar literalmente en un árbol y desde su interior
tranportarse al roble del que ella forma parte.


Hablan varias lenguas y su gran inteligencia les permite comunicarse con
casi todos los seres del bosque, además hablan el lenguaje de las plantas.

Una dríada tiene absoluto control sobre el árbol al que está ligada, por lo que
es capaz de provocar que sus ramas florezcan aunque no sea la temporada, que
aparezcan nuevas plantas alrededor del árbol, e incluso puede provocar un
crecimiento de hierba repentino que haga tropezar a los intrusos.


No son nada agresivas, y si son atacadas usan el conjuro de hechizar personas
como defensa. Este conjuro lanzado por una dríada tiene un gran poder, y es muy
difícil tener la suficiente resistencia a la magia como para no caer hechizado.


Si alguien golpea al roble al que está unida, ella recibe físicamente el mismo
daño, por lo que intentará defenderlo a toda costa.