Archivo | 19 julio, 2010

¸.·’★¸.·’★*·~-.¸-★ ¿Cuánto cuesta un milagro? ★-,.-~*¸.·’★¸.·’★




Tess era una niña precoz de 8 años. Un día escuchó a su madre y a su Padre hablar acerca de su hermanito Andrew. Ella solo sabía que su hermano estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero.

Planeaban mudarse para un complejo de apartamentos el siguiente mes porque su padre no tenía el dinero para las facturas médicas y la hipoteca.

Solo una operación costosísima podría salvar a Andrew. Escuchó que su padre estaba gestionando un  préstamo pero no lo conseguía.

Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenia los ojos llenos de lágrimas, “Solo un milagro puede salvarlo.”

Tess fue a su cuarto y sacó un frasco de jalea lleno de monedas que mantenía escondido en el closet. Vació todo su contenido en el suelo y lo contó cuidadosamente. Lo contó una segunda vez, ¡una tercera! La cantidad tenía que ser perfecta. No había margen para errores.

Luego colocó todas las monedas en el frasco nuevamente, lo tapó y se escabulló por la puerta trasera y caminó 6 cuadras hasta la farmacia del pueblo. Esperó pacientemente su turno. El farmacéutico parecía muy ocupado con un cliente y no le prestaba atención.

Tess movió su pie haciendo un ruido. Nada. Se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo producir. Nada. Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador.

“¿Qué deseas? – le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable.

Y le dijo sin esperar respuesta: “¿No ves que estoy hablando con mi hermano que acaba de llegar de Chicago y no lo he visto en años?” .

“Bueno, yo también quiero hablarle acerca de mi hermanito,” le contestó Tess en el mismo tono que usara el farmacéutico. “Está muy enfermo y quiero comprar un milagro.”

“¿Qué dices?” dijo el farmacéutico

“Su nombre es Andrew y tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi padre dice que solo un milagro lo puede salvar. Así que, ¿Cuánto cuesta un milagro?

“Aquí no vendemos milagros, pequeña. Lo siento pero no te puedo ayudar” le contestó el farmacéutico ahora en un tono más dulce.

“Mire, yo tengo el dinero para pagarlo. Si no es suficiente, conseguiré el resto. Solo dígame cuanto cuesta”. El hermano del farmacéutico era un hombre elegante. Se inclinó y le preguntó a la niña:

“¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?”

“No lo se.” Contestó Tess con los ojos a punto de explotar. “Solo se que está bien enfermo y mi mami dice que necesita una operación. Pero mi papá no puede pagarla, así que yo quiero usar mi dinero.”

“¿Cuánto dinero tienes?”- le preguntó el hombre de Chicago.

“Un dólar con once centavos” – contestó Tess en una voz que casi no se entendió. “Es todo el dinero que tengo pero puedo conseguir más si lo necesita.”

“Pues que coincidencia.” Dijo el hombre sonriendo. “Un dólar con once centavos, es justo el precio de un milagro para hermanos menores.” Tomó el dinero en una mano y con la otra cogió a la niña del brazo y le dijo: “Llévame a tu casa. Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres. Veamos si yo tengo el milagro que tu necesitas.”

Ese hombre de buena apariencia era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especialista en neurocirugía. La operación se efectuó sin cargos y en poco tiempo Andrew estaba de regreso a casa y de buena salud. Los padres de Tess hablaban felices de las circunstancias que llevaron a este doctor hasta su puerta.

“Esa cirugía,” dijo su madre. “fue un verdadero milagro. Me pregunto cuanto habría costado”.
Tess sonrió. Ella sabía exactamente cuanto costaba un milagro: un dólar con once centavos más la fe de una pequeña.

“La fe es creer que se tiene lo que no se ve. Perseverar en lo imposible” Hay una frase muy bella que dice: “Si le pides a Dios un árbol te lo dará, en forma de semilla”.

 

•♥•♥•♥•♥ ☜ Amigos Famosos ☞ ♥•♥•♥•♥•♥•



Muchos piensan que la vida de los famosos es maravillosa, sin problema alguno… pero, también en algunas ocasiones llegamos a pensar que su vida es vacía, frívola, que carecen de sentimientos y buenos actos, pero hay seres humanos maravillosos y capaces de conmover al más duro y despreocupado ser humano que pueda existir. Esta es una historia real de la nobleza humana, que debería servirnos de inspiración y ejemplo, sin duda, digno de compartir con ustedes…

Una historia que quizás pocos conocen, se refiere a dos, de los tres tenores Lucciano Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo, que emocionaron al mundo cantando juntos.

Desde hace muchos años ha existido una rivalidad entre catalanes y madrileños, ya que los catalanes luchan por su autonomía en una España dominada por Madrid. Pues bien, Plácido Domingo es Madrileño y José Carreras es Catalán; por cuestiones políticas en 1984, se volvieron enemigos.

Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos, que sólo se presentarían en determinado espectáculo, si el adversario no fuese invitado.

En 1987, a Carreras le apareció un enemigo mucho más implacable que su rival Plácido Domingo; lo sorprendió un diagnóstico terrible, leucemia. Su lucha contra el cáncer fue muy sufrida, se sometió a varios tratamientos, además del auto transplante de la médula ósea. El cambio de sangre que lo obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos, en estas condiciones no podía trabajar y, a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y de los
tratamientos debilitaron sus finanzas. Cuando no tuvo más condiciones financieras tomó conocimiento de la existencia de una fundación en Madrid, cuya finalidad única, era apoyar el tratamiento de leucémicos.

Gracias al apoyo de la fundación “HERMOSA”, Carreras venció la dolencia y volvió a cantar. Recibió nuevamente los altos honores que merecía y trató de asociarse a la fundación. Al leer sus estatutos, descubrió que el fundador, mayor colaborador y presidente de la fundación era Plácido Domingo. Luego, supo que éste había creado la entidad, en principio, para atenderlo y que se había mantenido en el anonimato para que no se sintiera humillado por aceptar auxilio de su
enemigo, pero más conmovedor  fue el reencuentro.

En una presentación en Madrid, Carreras interrumpió el evento y humildemente arrodillándose a sus pies le pidió disculpas y le agradeció públicamente. Plácido lo ayudo a levantarse, y con un fuerte abrazo sellaron el inicio de una nueva y gran amistad.

En una entrevista a Plácido Domingo, le preguntaron el por qué había creado la fundación “HERMOSA” en un momento en que, además de beneficiar a un enemigo, había ayudado al único artista que podría hacerle competencia, su respuesta fue corta y definitiva.
“Por que no se puede perder una voz como esa”

Cada uno de nosotros deberíamos tener una fundación basada en el amor de Dios y decirles a nuestros seres queridos, a nuestros amigos y a todos aquellos que apreciamos de uno o de otra manera…

“Quiero que estés a mi lado por toda la eternidad, porque no se puede perder un ser precioso como tú”

.¸.•*´`۰̮̑●̮̑۰ El Carpintero y la Vida .¸.•*´`۰̮̑●̮̑۰



Un carpintero, estaba a punto de jubilarse. Le comunicó a su jefe, la decisión de dejar el negocio de la construcción, para poder llevar una vida más placentera junto a su esposa y así disfrutar los últimos años de su vida.

Su jefe, lamentó perder al mejor empleado. Pero antes de que se retirara definitivamente de su trabajo, le pidió que construyera una última casa.

El carpintero, accedió por compromiso. No puso mucho esmero, ni entusiasmo en el trabajo, como en otras épocas, no cuidó los detalles.
Así que la construcción, no se veía muy bien, incluso los materiales que usó eran de inferior calidad.


Una vez finalizado el trabajo, el carpintero invitó a su jefe a visitarla. Hicieron un recorrido por la casa y al finalizar, le entregó a él las llaves de la puerta y le dijo:

Querido amigo, esta casa es tuya. Es mi regalo por todos los esfuerzos que pusiste en la empresa, durante 40 años.

El carpintero, con las llaves en sus manos y sus ojos llenos de lágrimas, agradeció el regalo, pero se sintió avergonzado, como nunca antes por esa actitud que le llevó a cometer ese tremendo error.


¡Qué desafortunada manera de terminar su carrera!


Si el carpintero hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho con absoluta dedicación. Ahora, no tenía otra opción que vivir en la propia casa que él había construido y no precisamente de la mejor manera.


Lo mismo se puede aplicar a nosotros. Construimos nuestras vidas de manera distraída, haciendo las cosas de cualquier manera, cuando deberíamos poner la máxima atención y cuidado.
Muchas veces, no damos lo mejor en nuestro trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos. Y no nos damos cuenta de que tenemos la vida que nosotros mismos hemos construido. Construyámosla con sabiduría.

¸•*`*•.¸ A donde Mirar ¸•*`*•.¸

Una empresa estaba en una difícil situación, las ventas iban mal, los trabajadores y colaboradores estaban desanimados y la situación financiera del negocio era extremadamente crítica.


Era preciso hacer algo para revertir la situación.


Nadie quería asumir responsabilidades. Por el contrario, el personal sentía el desamparo y la rápida extinción de la empresa.


Ellos consideraban que alguien debía tomar la iniciativa para revertir la situación.


Un día, cuando los funcionarios y los trabajadores llegaron al trabajo, encontraron en la portería un cartel que decía:


” En el día de ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de nuestra empresa. Usted está invitado a participar de los funerales en el salón de deportes.”


Todos sintieron tristeza ante la muerte de un compañero, pero a la vez tuvieron curiosidad por la persona que frenaba el crecimiento de la empresa.

La agitación en el salón de deportes era muy grande por lo que fue preciso llamar a seguridad para organizar a los asistentes.


A medida que las personas se aproximaban al féretro la ansiedad aumentaba.


Se preguntaban – ¿Quién será el que entorpecía el progreso de nuestra empresa?


Uno a uno, se aproximaban deseosos de conocer al personaje en cuestión. Pero al acercarse al féretro quedaban pasmados y en absoluto silencio, no se lo podían creer, jamás hubiesen imaginado lo que había dentro…

¡Había un espejo!.., en el que se reflejaba la cara de cada uno que lo mirara.



Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida.

Cuando tú fallas, no intentes hallar otros culpables.




★·.·´¯`·.·★ Los verdaderos milagros ★·.·´¯`·.·★

Tres personas iban caminando por el bosque. Uno era un sabio con fama de hacer milagros, otro un poderoso terrateniente del lugar y el tercero, que iba detrás de ellos escuchando la conversación, era un joven estudiante, alumno del sabio.

El terrateniente comentó:
-Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que eres capaz de hacer milagros.
-Soy una persona vieja y cansada… ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros?, respondió el sabio.
-Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos. Esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso.
-¡Ah! ¿Te refieres a eso?, dijo el sabio.
-Tú mismo lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo sólo le pido a Él que le conceda un favor al enfermo, o al ciego; todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.
-Yo quiero tener la misma fe que tú, para poder realizar los milagros que haces. Muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.
-¿Volvió a salir el sol esta mañana? preguntó el sabio.
-¡Claro que sí!, exclamó el poderoso terrateniente.
-Pues ahí tienes el milagro de la luz.
-No, yo quiero ver un verdadero milagro, haz que se oculte el sol, saca agua de una piedra, sana a un animal herido tocándole con tu mano. Algo así quiero ver.
-¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?”.
-Sí, fue un varón y es mi primogénito, respondió el terrateniente.
-Ahí tienes el segundo milagro, el milagro de la vida.
-Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.
-Fíjate bien, estamos en época de cosecha, ¿No hay trigo dónde hace unos meses sólo había tierra?
-Sí, igual que todos los años.
-Pues ahí tienes el tercer milagro.
-Creo que no me he explicado bien, lo que yo quiero… el sabio le interrumpió.
-Te has explicado bien, pero yo ya he hecho todo lo que podía hacer por ti.
Si no encontraste lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero no puedo hacer más.

El poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba.

Cuando el poderoso terrateniente estaba lejos, el sabio se dirigió a la orilla del camino, tomó a un conejo enfermo y herido, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

El joven dijo: Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo?
-Lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo apreciarlos. Para ser maestro, primero hay que ser alumno.

“No puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido”